Satisfacción

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Satisfacción es una palabra mágica, una sensación que todos queremos disfrutar. Pero es cierto que es mucho más fácil soñarla que conseguirla y para tener éxito hay que pedalear mucho.

Para llegar a la satisfacción sólo hay un camino: la exigencia. En el mundo de los fogones no hay mucho margen para que se te reconozca si haces bien o no las cosas. Haciendo un símil alimentario, podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que son habas contadas.

Si pones una buena ración de esfuerzo y le añades productos de calidad, aderezado todo con un poco de conocimientos culinarios, las probabilidades de que las cosas te salgan bien crecen exponencialmente.  Y de ahí nace la satisfacción por el trabajo bien hecho.

Pero hay otra de satisfacción, que aún es más importante, la de los que prueban tus platos y reconocen tu labor en la cocina y tu tarea con el servicio, cuando ven, en ambos casos, que se pone el máximo cuidado posible.

Los reconocimientos siempre son bienvenidos, aunque no siempre nos los esperamos. Estos todavía tienen un sabor más especial, como el que vivimos unos días atrás cuando Txema Martínez nos dedicó su artículo en la contraportada del diario Segre. Sus alabanzas nos impactaron. No somos de piedra y sus palabras nos llegaron al corazón.

Estos comentarios -en este caso casi podríamos decir que Chema hizo una crítica de su experiencia gastronómica- nos alientan a seguir practicando el trabajo más bonito del mundo, que no es dedicarte en cuerpo y alma a la gastronomía, sino en intentar aprender a ser un poco mejor cada día.

¡Gracias, Txema!

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