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La niebla y la cocina

En la cocina de La Boscana hay niebla. Tenemos niebla muchos días, y no estamos hablando de este maravilloso elemento de invierno que al mirar a través de nuestros ventanales, que normalmente llenan de luz y sol nuestra cocina, nos encontramos muchos días con este acompañante incondicional en nuestro trabajo.

La niebla que es tanto de nuestra tierra, Lleida, de nuestra comarca, que es tan melancólica, envolvente, creadora, generadora de un ambiente único. Una niebla que nos acoge en su interior, que no nos deja ver los rayos de luz pero que, a su vez, nos incita a esperarlos, a buscarlos. Una niebla que invita a mirar siempre al más allá, que te hace buscar más y más, que te empuja a intentar ver algo a través de ella buscando lo que esconde. Una niebla que nos recuerda de dónde somos, a nuestras raíces y entorno. Una niebla inspiradora.

Porque mirar a través de la niebla nos empuja a continuar, a seguir adelante, a buscar nuevos caminos para seguir creciendo.

Y al igual que la niebla meteorológica, la niebla que vemos en nuestra cocina, la que nos envuelve cuando estamos trabajando con el nitrógeno líquido, entre los fogones, también nos indica trabajo, nos indica búsqueda, nos indica transformación, nos indica avanzar. Nos muestra el camino que hemos hecho, el que estamos haciendo y el que aún nos queda por hacer. Nos une a la tradición de la que vivimos, de la cual nos sentimos muy orgullosos de que surja, al mismo tiempo que nos permite mostrar todo lo que queremos conservar y aumentar. Nos permite trabajar con los alimentos de siempre, con las calidades de siempre, con las recetas de siempre pero evolucionándolas un poquito más.

Esta otra niebla que nos ayuda a continuar buscando, nos ayuda a dar un paso más para crear, para reinventar nuestra cocina, para buscar siempre la excelencia. Con la aspiración y objetivo de que los amigos que vienen a nuestro restaurante disfruten sin límites de nuestra cocina, de nuestros productos. Nos ayuda a no perder de vista que no podemos dejar de tener una exigencia en la elaboración, en el saber tratar los alimentos y en el saber mantener la calidad de nuestros productos.

Si fallamos en todo esto, entonces la niebla deja de ser esa fuente de inspiración, la musa que nos impulsa a tirar hacia adelante, esa inspiración que nos lleva a disfrutar y hacer disfrutar a todos de nuestras creaciones, de nuestra cocina.